Pues sí, cada vez queda menos. Ya no hay marcha atrás.
Si he de ser sincero, no estoy nervioso ni acojonado, aunque a veces pienso un poco donde voy y la verdad es que los huevos si que se suben un poco. Pero con toda la información que he recopilado, con todo lo que hay por internet, casi se puede decir que ya he paseado por las calles de Estocolmo, que ya he dado las primeras clases en la Universidad, y que ya he pasado las primeras noches en Björnkulla, mi residencia. Únicamente me faltan las primeras fiestas erasmusianas.
Tampoco estoy muy preocupado de dejarmelo todo atrás: amigos, familia, discos, mi cama…. Alguna gente dice que no podría estar un año fuera, que no podría estar sin los suyos; pero eso lo comento con erasmus que ya han ido, y que algunos pensaban lo mismo….y todos me dicen que después todo se les hizo muy corto.
En fín que ya veremos, que a ver por donde sale. Quien sabe si a las dos semanas me vuelvo loco y tengo que volver, o me instalo para siempre en Suecia. Lo que si tengo claro, es que esto me va a poner a prueba, que me va a forzar a relacionarme más con la gente por la simple condición de sobrevivir. Resumiendo, el Erasmus me va a servir para aprender a abandonar el nido y no morir en el intento, como leí en algun blog de internet.
Crucemos los dedos.