Ecuador de mi Erasmus, y regreso a casa por Navidad. La primera mitad del Erasmus ha sido genial, he conocido a muchísima gente de todas las nacionalidades y he aprendido un montón de cosas, no tanto como de inglés, que es lo que yo quería en un principio. Pero bueno, ahora en casa, es momento de reflexionar, de corregir los fallos, y de empezar con nuevas energías la segunda etapa Erasmusiana.
Estos cuatro meses han pasado como un rayo de luz, casi ni me he enterado. El último més lo he pasado más fuera de Suecia que dentro. He estado en Dinamarca, Copenague, conduciendo un coche alquilado baratísimo entre 4 más. He estado en Riga, Tallin, Berlin….vamos, que no he parado, de ahí las pocas actualizaciones que ha tenido el blog. Y es que esto es ser Erasmus: conoces gente, sitios, cultura, monumentos, acontecimientos históricos. Quien me iba a decir a mi que estaría encima del mismísimo bunker de Hitler.
Hay gente que ya se ha ido, o que se irá en muy poco tiempo. Gente que probablemente ya no la volveré a ver en toda mi vida, pero que he compartida mi vida durante los últimos cuatro meses. Gente que te lo ha dado todo, y que se lo has dado todo. Es la parte egativa del Erasmus: las despedidas.
Pero no todos es negativo. Ahora llega gente que empieza su Erasmus, con su ilusión, con sus miedos, con sus incertidumbres. Con lo mismo que cuando yo llegué. Es el contraste entre los que se van, y los que llegan.
En fin, llevo un día en España, y ya hecho de menos aquellas tierras norteñas. Vuelvo en menos de diez dias para pasar el año. Y a intentar de una vez por todas establecerme definitivamente (buscar un trabajito, arreglar papeles…), que llevo cuatro meses, y no he hecho nada, salvo pasármelo bien.